miércoles, 14 de septiembre de 2011

LA SEMILLA DE MOSTAZA




Sheldon Kopp “Guru”
Edit. Gedisa 1981(p.91y 92)


Una pobre viuda que vivia en los tiempos de Buda,Kisa Gotami, llamada la Frágil, tenía un hijo que había sido la luz de sus ojos. Suce­dió que apenas supo andar, correr y jugar, falleció. Tan grande era el dolor de Kisa Gotami que no podía aceptar la muerte del niño. En cambio se lanzó a las calles llevando el cadáver de su hijo a la cintura. Iba de casa en casa golpeando a cada puerta y pidiendo, «Dadme medicina para mi hijo». La gente veía que estaba loca. Se reían de ella y le decían, «No hay medicinas para los muertos». Pero ella actuaba como si no comprendiera y continuaba pidiendo. Un cierto anciano sabio vio a Kisa Gotami y com­prendió que la pena por la muerte de su hijo la había enloquecido. No se rió de ella, sino que le dijo, «Mujer, el único que puede conocer la medicina para tu hijo es el Poseedor de las Diez Fuerzas que es el más pode­roso de los dioses y de los hombres. Vete al monasterio. Ve a él y pídele la medicina para tu hijo». Al ver que el anciano hablaba con la verdad, la mujer se encaminó con su hijo al monasterio donde residía el Buda. Ansiosamente, se acercó al Sillón de los Budas donde estaba sentado el Maestro. «Quiero medicina para mi hijo, Compasivo», dijo ella. Sonriendo serenamente, el Buda contestó, «Está bien que hayas venido. Esto es lo que debes hacer. Debes ir a cada casa del pueblo y en cada una debes pedir que te den pequeños granos de mostaza. Pero no sirve cualquier casa. Sólo debes aceptar granos de mostaza de casas donde jamás haya muerto nadie». Gotami estuvo de acuerdo de inmediato y con de­leite volvió a entrar en la ciudad. Golpeó a la pri­mera puerta y dijo, «Soy yo, Gotami, me envía el Poseedor de las Diez Fuerzas. Me daréis pequeños granos de mostaza. Ésta es la medicina que necesito para mi hijo». Y cuando le trajeron las semillas de mostaza, ella añadió: «Antes de coger las semillas, decidme, ¿en esta casa no ha muerto nadie?». «Oh, no, Gotami —le contestaron—, los muertos de esta casa son incontables.» «Entonces, debo ir a otra parte —dijo Gotami—; el Perfecto fue muy claro al respecto. Debo buscar granos de mostaza únicamente en casas que no han sido visitadas por la muerte.» Y fue de casa en casa.- Pero siempre la respuesta era la misma. En todo el poblado, no había una sola casa no tocada por la muerte. Por último, entendió porqué la había enviado en esta misión imposible. Abandonó la ciudad abrumada por sus sentimientos y llevó a su hijo al cementerio. Allí le enterró. Al regresar al monasterio, fue recibida por el Buda de suave sonrisa que le preguntó: «Buena Gotami, ¿has traído las semillas de mostaza de la casa sin muertos tal como te dije?». Y Gotami contestó: «Muy honrado señor, no hay casa en que se desconozca la muerte. Toda la humanidad está tocada por la muerte. Mi propio hijo ama­do está muerto. Pero ahora veo que quien nace debe morir. Todo pasa. No hay medicina para ello sino la aceptación. No hay más cura que el conocimiento. Ha terminado mi búsqueda de semillas de mostaza. Tú, Poseedor de las Diez Fuerzas, me has dado refugio. Gracias, Perfecto».

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